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El día a día de un piloto comercial.

Otra ruta, otro pueblo, otro cuarto de hotel. Esa podría ser una descripción bastante acertada de cómo es la vida de un piloto de transporte de línea aérea… Pero hay tanto más que eso…

En esta nota intentaré revelar qué es lo que hacemos esos tipos en uniforme, quizás con un toque de misterio, dueños de la grave voz en off que se escucha por los parlantes del avión. Y sí; algunos la ensayamos.

Contaré un poco cómo es un día común en mi trabajo, que supongo que es al menos parecido a un día común en el trabajo de los otros pilotos.

Me llamo Alejandro.

Ale, mejor, que es más simple.

Vuelo el Bombardier CRJ Series, como Primer Oficial, para una compañía regional dedicada a rutas de corto y mediano rango dentro de los Estados Unidos, así como también algunos destinos en México y Canadá. Volar siempre fue mi sueño, desde que tengo memoria, y tuve la inmensa suerte de que se volviera realidad. Siento una pasión inmensa por un avión, un aeropuerto, los uniformes, la velocidad, y la altura.

Hoy estoy en el día dos de una rotación de cuatro días. Se le llama rotación a un conjunto de vuelos que son asignados a un piloto desde que sale de su ciudad base hasta que regresa. Mi ciudad base, por ahora, es Minneapolis, en Minnesota. Hoy estoy en Atlanta, entre vuelos. Llegué hará una hora y tengo una hora y media más de espera antes de mi próximo vuelo.

Bombardier CRJ-200

Ayer fue un día bastante largo, pero divertido, como siempre. Se podría decir que fue un día bastante “rutinario”, aunque poco hay de rutina en este trabajo.

Llegué al aeropuerto de Minneapolis en la mañana, temprano, para operar el vuelo de las 09:00 a Fargo, Minnesota; la primera pierna, o trayecto, de mi rotación de cuatro días. Me reuní con el otro piloto, el Comandante, a quien no había conocido antes, y por suerte era un tipo con bastante buena onda. No hay nada peor que volar con un compañero con el que no te llevas, pero podemos hablar de eso en otra nota, si quieren. Más tarde llegaron las Tripulantes de Cabina.

 

Los pilotos tomamos turnos para volar las piernas. En general, un piloto lleva los controles y el otro lleva las radios, hace cálculos pertinentes, y hace las checklist apropiadas para cada fase del vuelo. Está bueno lo de tomar turnos para volar; divide y varía las tareas de cada uno. Además, podemos hacer competencias de cual de los dos hace mejores aterrizajes, siendo evaluados por las Tripulantes de Cabina. El que pierde paga las cervezas en la noche, si salimos en la ciudad donde estemos.

Las primeras dos piernas, Minneapolis – Fargo – Minneapolis, las voló el Comandante. El vuelo a Fargo duró un poco más de una hora de terminal a terminal. Estuvimos solamente 40 minutos en tierra, en Fargo. Regresamos a Minneapolis, y ahí estuvimos por una hora y 30 minutos. Cambiamos de avión. Cada quien se fue por su lado durante ese descanso que tuvimos, y nos reunimos de vuelta en la nueva puerta de embarque unos 35 minutos antes de la salida de nuestro siguiente vuelo. Ahora seguíamos a Atlanta, Georgia, con una parada en South Bend, Indiana. Volé yo las dos piernas hasta Atlanta. La primera, Minneapolis – South Bend, fue relativamente corta; quizás de una hora y 30 minutos de terminal a terminal.

 

Esa ruta siempre me ha gustado. Si está despejado, se tienen muy buenas vistas de Chicago. También, si es de día, como era el caso, se tiene una muy linda vista del lago Michigan. Había poco viento y la pista era larga… No habían excusas para no hacer un aterrizaje lindo.

Llegamos a South Bend. Bajo gente. Subió gente. Seguimos para Atlanta. Atlanta es interesante, como aeropuerto. Es uno de los aeropuerto más congestionados del mundo. La cantidad de tráfico aéreo que maneja es realmente impresionante. Me gusta operar hacia y desde Atlanta. No sé. Me da un poco de adrenalina, digamos. La radio congestionada, los aviones aproximando a la pista con poco espacio entre ellos, un despegue detrás del otro desde varias pistas, simultáneamente…

Tuvimos algo de turbulencia llegando a Atlanta. Es bastante típico en esta época del año, en los meses cálidos. Se forman nubes de actividad convectiva y cuando el avión vuela en masas de aire inestables, se mueve. Había viento cruzado y un poco rachado, lo cual siempre hace el aterrizaje más interesante. Aterrizar es un arte.

El rodaje de la pista a la puerta nos tomó unos 15 minutos. Eso es bastante típico en Atlanta, debido al volumen de tráfico. Despedí a los pasajeros mientras desembarcaban, y fui a buscar un café para llevar mientras embarcaban el siguiente vuelo. Ahora, a Columbus, Mississippi.

Estuvimos quizás unos 30 minutos parqueados frente al terminal. Igual, estuvimos un rato más en tierra mientras hacíamos fila para el despegue en la pista 26L. En el rush hour, u “hora pico” de Atlanta no es para nada raro ser el número 11 o 12 para el despegue.

Otra vez, era el turno de volar del Comandante. Fue un vuelo de una hora y media, aproximadamente. Despegamos al atardecer, y aterrizamos al atardecer. Las maravillas de volar en dirección oeste incluyen un atardecer muy largo, si es la hora correcta.

Poco más hay que contar sobre mi día. Todos llegamos cansados al hotel solamente queriendo dormir. Al día siguiente saldríamos al aeropuerto a las 13:00.

Déjanos tus preguntas en los comentarios. Pregúntale al Piloto.

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Alejandro Muller-Karger

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